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miércoles, julio 18, 2007

AL PAN, PAN Y …

De tantas preguntas que me hago por día, todas están dentro de una caja, sin responderse, esperan otros días, años, siglos.
Tal vez todo se trate de lo mismo, preguntarnos y dejar para después las respuestas, simplemente porque HOY no las encontramos, no están. Crecer puede que las responda o puede que no. Esa caja se llenará cada día de nuevas incógnitas, de nuevos acertijos, de nuevas recaídas y despertares. Ciertos momentos, personas, hechos nos ayudarán a dilucidar lo guardado allí.
Este fin de semana, por ejemplo, comprendí por qué me gusta estar enamorada gracias a la película Annie Hall de Woody Allen:

Entonces me acordé de aquella vieja anécdota. La del hombre que va al psicoanalista y le dice “doctor, mi hermano está loco, cree que es una bombilla”. Y el doctor le dice “¿porqué no lo trae?”. Y el hombre dice”lo haría pero me quedaría sin luz”.
Bueno, creo que eso se parece mucho a lo que yo opino de las relaciones.¿Entienden? Son completamente irracionales, locas, absurdas pero creo que seguimos con ellas porque la mayoría necesitamos que alguien nos ilumine”.


Aunque supe llenarme de falsas expectativas con “Befote Sunset”. Ese hombre y su cara de amor, ¿alguna vez podré observar ese gesto hacia mi? Quizás cuando termine el curso de francés lo logre, quién te dice…

Cuestión que siempre espero más, de la vida, de la gente, del amor, del trabajo, de la calle… de tanto esperar no disfruto de lo que HOY está conmigo. Y peleo, todos lo saben, conmigo primero y el mundo queda para después…

martes, junio 26, 2007

Y NO IMPORTA EL QUÉ DIRÁN O DIRÁS

Dilemas, la vida está repleta de dilemas. Lo que está bien o mal, correcto o incorrecto, verdad o mentira… Siempre elegimos. El día a día nos presenta elecciones permanentes y no siempre quedamos conformes con la opción tomada, aunque eso no sea realmente lo importante. Voy a que seguramente nos equivoquemos, no una sino millones de veces en una misma semana pero de ahí a dejar de lado los principios, la moral y las “buenas costumbres” que, obvio, variarán según educación, crianza, etc., existe una distancia inigualable.
Hoy recuerdo aquella frase de mi época de “izquierdas”: “la única lucha que se pierde es la que se abandona” y siento que por más cambios ideológicos que la edad y demás traen existen cosillas, varias, que jamás variarán. Hoy, igual que ayer, agradezco las enseñanzas de mis padres y de la vida misma.

jueves, mayo 10, 2007

ILEGALIZENLA

Existen temas y situaciones que resultan engorrosos de solucionar. A veces no sabemos si lo que hacemos es incorrecto o correcto, si nuestras “maneras” alteran, preocupan, resultan inadecuadas, etc. Es por esto que recurrimos a esos seres que durante cinco años o quizás más se “quemaron las pestañas” leyendo y repasando libros y más libros. Lo problemático de esta gente es que en casi todo los casos no hicieron más que ir de Freud a Lacan ahí señores estamos “jodidos”.
Resulta ser que estas personas me producen terror!, pavor!, etc. de or! Por qué? El 80% te analiza cada sílaba que pronuncias y el 20% restante se preocupa más por la hora que por lo que estas diciéndole.
El psicoanálisis quedó antiguo aunque no fue refutado ni nada por el estilo. Y sino decime cuál es la razón por la que decir “sepulcral” resulta ser tremendo… Ah! Quizás como el 90% de los individuos utilizamos el 10% de las palabras que se encuentran en cualquier diccionario mi idea de ser “correcta”, “comunicativa” y, lo más importante, “ENTENDIDA” fue un fiasco absoluto.
El psicoanálisis quedó antiguo o quienes lo practican son medios … porque si te preguntan algo importante y vos tardas 3 segundos más de lo que el psicoanalista esperaba en recibir la respuesta resulta ser que no tenes nada para decir, que la respuesta no está, no la tenes, no existe. Espera un segundo querida!!
Hoy recordé el porqué de haber dejado terapia cinco veces.

viernes, marzo 02, 2007

ARGENTONIOS

Puede que a veces uno mienta, engañe o tal vez utilice ciertos “malos” artilugios para su beneficio pero de ahí a la hipocresía existe un largo trecho.
Los argentinos tenemos una extensa historia en la utilización de la mentira y el autoengaño, uno de los casos más relevantes suele ocurrir en las elecciones presidenciales. Los famosos “yo no voté a Carlos” resultan ser lo más novedoso que en este caso encontramos aunque en varias otras elecciones el método fue similar.
¿Será que aquellos votantes luego de su paso por las urnas se exiliaron y por ello no encontramos depositantes de la bendita boleta? Aunque, ¿Puede irse del país el 45% de los votantes activos sin que ello repercuta en la vida social y económica de un país? Obviamente no. Por supuesto que el mar de mentiras sobre las dos presidencias de Menem (ojalá este blog no se caiga) pronto se olvidarán. Es más, supuestamente en la última elección presidencial el peronismo debió iniciar una serie de alianzas estratégicas que finalmente resultaron derrocando a Carlitos pero si así no hubiera sido de seguro el sillón de Rivadavia volvía a ser utilizado por el hombre al que las abejas pican…
Hace unos cinco años comenzamos a apreciar nuevos exponentes en lo que a la hipocresía respecta. Como deben recordar o en algunos casos fingirán no hacerlo, Gran Hermano fue importado en 2001 y alcanzó raitings altísimos. Luego fue seguido por una tropa de realitys, algunos de éxito y otros que resultaron en un fracaso rotundo como “Reality Reality”, en el que actores mostraban sus capacidades dentro de una mansión.
Para mi sorpresa desde el comienzo de Gran Hermano, Expedición Robinson, El Bar, Reality Reality, etc. debí toparme con un millar de amistades y diversa gente que NO VEÍA REALITYS. Una pregunta que no podrá ser al margen es ¿Si nadie veía realitys, ni los vé, por qué tienen semejante éxito? Claro que en todo hay excepciones y una ya fue nombrada, el resto de estos programas poseen gran éxito y entusiasman a quienes lo siguen que de hecho son miles.
La hipocresía resulta cómica en el caso de las obvias mentiras de aquellos que intentan demostrar su falta de aprensión a Tinelli o los realitys pero considero que cuando hablamos de los destinos de un país la comicidad se pierde, diluye.
Algún día tendremos que HACERNOS CARGO de lo que hacemos, vemos y nos gusta o sino seguiremos siendo un país en el que muchos descreen, y eso también termina extendiéndose hacia su gente ya que NOSOTROS FORMAMOS EL PAÍS (Sociedad).

ARGENTONIOS DEJESE YA DE MENTIRITAS Y HAGANSE CARGO DE UNA BUENA VEZ!

sábado, enero 06, 2007

Cuando la Princesa Pampa lloró

Salí de Buenos Aires, por fin! Me sentía tan profundamente agotada, abrumada que cualquier cosita me venía bien así que a la primera de cambio me subí a la camioneta y partí.
Llegué a Av. Belgrano, agarré una autopista y me sumé a la gran triple fila de vehículos. Un peaje, dos peajes… Pasados los primeros 500 km. decidí que estaba cansada y un bello hotelito en Carhué, junto a sus baños de aguas termales, me vendrían sensacional.
Esa misma noche quise conocer en profundidad el pueblo. Sabía, por la película, sobre la tremenda historia que enmarcaba esa localidad. Me senté en un lindo bar aunque repleto de grillos, como el resto del pueblo, y comencé una charla histórica con la primera persona que tomaba una cerveza en soledad.
Grabé mi charla, obvio. Cuando vacaciono me hago la periodista, total…

Poblador: La leyenda dice que las aguas hipersalinas del lago Epecuén fueron producto de las lágrimas de la princesa Pampa Tripantu al haber sido engañada por su amado, Epecuén. La princesa lloró bajo la luna llena hasta formar un lago que ahogó a su infiel marido junto a sus amantes.

Aneta: Estaría bueno…ahogarlo.

Poblador: Ahogarla…

Aneta: Y lo de la película era verdad? Sobre todo eso de los féretros del cementerio vagando por las calles inundadas.

Poblador: Si. Yo lo ví. Y después vinieron sociólogos, antropólogos. Querían estudiarnos, se preguntaban cómo seguiríamos viviendo. Varios se suicidaron porque aunque les daban nuevas casas pensá que esas 2000 personas vivían ahí y perdieron todo. Sobre todo porque trabajaba en los hoteles que estaban ahí. Era increíble ver al dueño del hotel más importante llorar y quedarse pobre. Nunca pensas que algo así le puede suceder al de “arriba”.





Aneta: Horrible. Algo similar a lo que vimos con las inundaciones en Santa Fé?

Poblador: No sé. Cuando le pasa a uno siempre parece peor, no? Igualito a cuando te deja tu mujer.

Aneta: Y sabes qué sucedió con la princesa Pampa?

Poblador: Si, vive de la soja y se llena de guita. Jaja
Se suicidó en su propio lago de lágrimas.

Aneta: Mi abuela siempre me advierte sobre el llanto.

Sinceramente esa noche estaba más Crónica Tv que Intrusos así que por más que intentó e intentó no obtuvo ninguna pregunta sobre su mujer, el mal de amores y esas cosas de las que evidentemente quería o necesitaba hablar.
En fín. Solo paré para tomar una buena Coca fría y seguir. Esta YPF tiene WI FI y por eso aproveché para contarles la historia. Pero ya saben: en la próxima estación en donde encuentre interné inalámbrica sigo …

lunes, septiembre 18, 2006


Un problema que se me dio desde muy chiquita. Las preguntas se me suceden y no a todos les caen tan bien como uno esperaría.
Últimamente coincido con amigos, vecinos, parejas que cuentan historias pero a todas les termina faltando algo. Una de esas incertidumbres que quedan después de todo cuentito y ahí viene la famosa pregunta. Ciertas veces estas cuestiones caen mal y aunque uno no comprenda el por qué del mal estar debe quedarse con la duda.
Mis intereses suelen o bien ser sorprendentes para algunos o bien imposibilitados de respuesta para otros.
Pero aun es la situación cuando uno hace re-preguntas a su pareja. El ama contar que “ELLA” hacia tal cosa y yo, como toda mujer que se aprecie de tal, sigo indagando tanto que logro llegar a mi propio hartazgo: “Basta, no quiero saber más!”. Una ridícula.
Así solemos ser ciertas personas y jamás podría decir que esto es parte de mi profesión. Nací así y espero que alguien aprecie mis dichas.

jueves, julio 20, 2006

NO SOY LA SU, ¿Y?


...Parece pero no.

Días como hoy me resultan tétricos. Festejar el día “de” como si fuese algo extraordinario, como si UN día al año uno tuviese padre, madre, amigos, etc. Realmente la ridiculez capitalista máxima. ¿Cuántos regalos pretenden que haga por año con tantas inventivas? ¿Cuántos pesos debo abonar por tener padre, madre y amigos? Eso que aun no tuve un niño que sino… No encuentro otra palabra que “ridículo”.

Entonces comienzo a recibir llamados. Me despierta una amiga desde España y eso me alegra enormemente porque no sabía si estaba bien, contenida, con trabajo… Entro al mail y encuentro miles de postales, lo que me recuerda no haber escrito ni enviado ninguna… ¿Será que soy una mala amiga?

De verdad, yo no quiero ser una de esas personas con las que no se puede “dialogar” porque están en contra hasta de lo que no conocen pero algunas cositas se encuentran de más…los días “de” por ejemplo…

lunes, julio 17, 2006

FIEBRE DE SÁBADO POR LA NOCHE

El invierno llegó y una vez más… no quiero salir de casa! y menos aun hoy que ya tengo calefacción y todo. Estoy en el primer mundo!!!
Entonces una noche cualquiera, cuando por fin decido asomar mi cabeza, el mundo se presenta. Mi compañero de ruta se encuentra suficientemente atontado con el mega estreno de Superman como para percibir los cambios que veo pasar y cuando se los comento disimula su asombro (?)
Parece que las salidas de sábados por la noche están un tanto desorganizadas para los de hoy. Yo aun mantengo presente aquel recuerdo lejano cuando ni una angina lograba que la noche se privase de mi compañía. Los viernes en la escuela se organizaba casi todo. Si salíamos a Cipo o Nqn., de ahí se deducía en qué casa nos juntábamos. Cada una sabia que debía pensar lo que se pondría. La ropa era escasa y cuanto antes te decidieses mejor. “Lu ¿me prestarías esa remerita rosa que usaste el viernes pasado?”. Si se la pedías antes que Flor estabas perfecta, no vaya a ser cosa que una se ponga la misma ropa todos los viernes, pero si una amiga te la pedía parecía que el mundo no lo iba a notar…
Toda la organización al pie de la letra.
Hoy la tecnología ha hecho que uno solo piense en el “aquí y ahora”, dejando de lado los preparativos. Los celulares y sus benditos mensajes de texto permiten a uno ubicar calles y encuentros. Y otra rareza, según mi historia nocturna, es que (por lo menos en estos barrios chic) nadie se anda prestando ropa…
Yo observaba, recordaba, abrazaba y protestaba por lo que acababa de ver… “si en la peli que vi anoche el tipo ya tenía casi 35 años, como puede ser que ahora me lo pongan de 25?!!!!”.
Parece que las grandes producciones, en la calle o en el cine, cambiaron bastante y yo, como la mayoría de las veces, estoy reload.

jueves, julio 06, 2006

LOVE AT THE PIER


Hay cosas con las que uno piensa no poder jamás. Esas pequeñas contradicciones en las que “querer y poder” no resultan simples o no se encuentran fácilmente. Quizás una de ellas sea formar una pareja.
El comienzo de una historia, cualquiera sea el final, por lo general implica un gran nerviosismo con ese famoso no saber muy bien qué decir porque aun no conocés a la persona que tenés en frente. Me he topado con poca gente a la que los comienzos no le cuestan. Porque los inicios tienen esa cuota de “no saber” que los hacen diferentes de cualquier otra historia.
A veces ese comienzo se pierde en semanas, meses, años y hasta toda una vida como les pasó a mis nonitos queridos (¿Qué haces viejo? Dejáte de joder!!! Vení que la mesa ya está puesta!).
Muchos creen que jamás lograrán querer a nadie, que no vendrá esa persona que los haga recorrer la vuelta con una gran sonrisa en sus bocas. Otros creen que nadie los amará nunca, que no gustan, no seducen, no tienen nada interesante para decir, etc. Ellos tienen miedo, mucho miedo. Ellos necesitan mucho amor, tanto como el que tienen para dar. También están los que creen gustarle a todos, los que piensan que solo con un par de palabras y gestos lograrán enamorar. Ellos también están muertos de miedo, dicen cosas no muy verídicas y terminas sacándoles la ficha. Por suerte y gracia divina también están “los recuperados”. Ellos lograron encontrar a su “otro yo”, su pareja.
Todos muertos de miedo porque de eso mismo se trata el querer a alguien, no todo está dicho y cuando finalmente crees que si, pueden ocurrir ciertas cosas que te demuestren lo contrario…
Por eso… mamá dijo “Disfrutemos el momento, sepamos querer!”

P.D: Love At The Pier - Blondie

sábado, julio 01, 2006

SIEMPRE ASÍ, LEJOS EN BERLÍN…

Aquí varias veces se habló del madito medio de transporte, tan útil en millares de países del planeta y tan horripilante aquí. Hoy nuevamente he utilizado este NO servicio. Por suerte conseguí asiento ida y vuelta así que me introduje en el maravilloso mundo de Andrés e intenté olvidar el mal trago. Justito antes del fin de mi “ida” un abuelito pasó repartiendo libros. Lamentablemente en estos lugares del mundo los pedidos en las calles y medios de transporte son muchísimos, más allá de lo que observamos sucede en las calles. En fin, nos rodea ese penoso 60% del que algún día deberíamos hablar.
Este hombre resultó ser “escritor”, y en la contratapa de su libro pude leer su basto currículo. Me emocioné de inmediato. El abuelo no era solo un escritor frustrado que había vendido en subtes y colectivos, también logró estrenar dos obras teatrales, lastima que la última fué en 1986. Le compré su librito y me detuve a pensar. ¿Cuan larga será la lista de personas que alguna vez tuvieron sueños pero jamás pudieron realizarlos? ¿Cuántos habrá en el planeta que saben muy bien lo que quieren pero no logran su objetivo?
Mamá y papá siempre hablaban del trabajo fuerte, el esfuerzo, las ganas, el “poder es querer”. Sumergida ya en mi minúsculo mundo laboral comencé a notar que no todo resultaba como ellos lo habían explicado. Hay millares de personas que son realmente excelentes en lo que les gusta hacer, su trabajo, pero que no triunfan, por así decirlo. Hasta considero que la gran mayoría de mis profesores universitarios, por más buenos que fuesen, terminaban bajo la misma calificación: “profesionales frustrados en su deseo máximo”. Yo no quiero que esto me suceda e intento luchar día tras día para sobreponerme al mundo laboral pero aún así cada día veo más imposible lograr ciertas metas. Y pensar que Lanata sigue creyendo que “los buenos” tocan sus puertas y son atendidos. Si pasan tus filtros, no? La verdad es que estoy muy cansada de ver a espectaculares profesionales de lo suyo sin poder “lograrlo”, “llegar” y eso es tan injusto como lo que le sucedió a este hermoso abuelito que no terminaba de agradecer mi pobre compra.

lunes, junio 19, 2006

POLAROID DE LOCURA ORDINARIA


Salida con tres hombres. Palermo Hollywood again. Entramos a un bar super chick lleno de gente “bien”, vestida a última moda, enviando mensajitos con sus celulares. Voy primera, “cuando una mujer pide permiso todos se corren”. De pronto una chica salida de los `80 agarra mis manos. A veces tengo problemas para recordar ciertas caras, la miro y me doy cuenta que no la conozco. No habían pasado ni dos minutos hasta que siento una mano que pasa por mi espalda y queda fuertemente arraigada a mi cadera. “Bailemos nena, no me hagas la histeria de las minitas y bailemos”. Me doy media vuelta, utilizando gran cantidad de energía ya que no lograba zafarme de aquella mano, buscando a alguno de ellos tres con mi mirada, ¡alguien que me rescate!. Risas y carcajas retumbaban por detrás. “Muy gracioso, Help me!”.
¿Será que la única lesbiana borracha y ochentosa justito me tenia que tocar a mi? Ya no sé que es peor: los hombres borrachos y “alzados” o las mujeres enloquecidas. Tengo 25, ya no estoy para éstas cosas... mi corazón es sensible...
Uno de los tres se decide, logra sacar su mano de mi cadera y le pide que nos deje seguir caminando. Ella no es una “chica simple”, parece saber muy bien lo que quiere, ¡sabe que me quiere a mi! ¿Será de deus que salgo de “levante nocturno” para olvidar mi larga y oscura soledad para únicamente lograr un poco grato encuentro con una ochentosa ansiosa?
Es así Gor... nuestras noches, días, tardes y meses de mates y charlas jamás culminarán a este paso...

miércoles, junio 07, 2006

POR UNA CABEZA, MAL COLOCADA

Anoche comprendí por qué los hombres me odian. Resulta que cuando hablo soy “muy asquerosa”. ¿A que vino semejante perversa, irónica e hiriente afirmación? Bueno, parece ser que no supe escuchar y seguir los concejos de mi abuela. La sabia nona me lo venia advirtiendo y ahora llegó el malvado Homo erectus a decírmelo sin pelos en la lengua. “No demuestres que podes ganar una discusión, no demuestres que podes tener reflexiones más rápidamente que ellos, no demuestres”. Y ¿Qué fui a hacer yo? Me hice la viva, siempre me hago la viva y como resultado...la SOLEDAD.
Ahora que vamos desplumando buitres digamos las cosas con claridad: ¿Cuándo fue que los hombres se hicieron tan sinceros? ¿Será que yo les doy esa oportunidad? o quizás los indigno hasta tal punto que ya no pueden dejar de expresar lo evidente... No sé que está pasando, en verdad no lo sé. Solo puedo decirles que anoche me asusté realmente. Antes no me ocurría, antes solo reía, me burlaba, sonreía irónicamente pero hoy estoy asustada.
¿Y si de verdad no encuentro jamás al ser que sepa comprender mi ira contra la sociedad toda? ¿Y si es verdad lo que dice mi abuela (a mi me pareció muy retrogrado pero quizás ellos lo sean...) y yo nunca jamás puedo volver a expresar libremente mi opinión sobre diversos temas?
¿Qué pasaría si cambiase mi manera de decir las cosas que observo día a día, aquellas con las que se me hace imposible mediar?
Por ahí es como dice la Gor (mi gurú definitivamente) “nadie comprenderá lo que dices si en tu rostro se observa la SOLEDAD”.

miércoles, abril 26, 2006

HACE FRIO Y ESTOY TAN...LEJOS DE CASA!

¿Hasta donde llega una mujer “enamorada”? ¿Cuántas locuras puede hacer una persona o una pareja?
Justito hoy hablaba con CHI (1) sobre la “falta de confianza” que solemos tenerles a nuestras parejas (más quisieras....) y lo que ésta puede ocasionar....
Trabajo de campo mediante, he descubierto:
*Gracias a mi best friend....lo fácil que es ingresar a casillas ajenas....o por lo menos a Hotmail
*Mejor no hablemos de “revisión celulistica”...
*A algunas / os se les da por la caminata “detrás”

Claro que también están los detectives personales, el “revoltijo de intimidades”, etc.
Pero para tanto no investigué, solo lo que café de por medio me han contando (no daré nombres...).
Ahora...
¿Cuanto pueden dañar este tipo de cosas tanto a quien las hace como a la pareja en si? Yo supongo que bastante, más allá de la locura que todo esto implica y genera. Pero ¿Cómo se evita? O sea, por algo tiene que suceder que tantas parejas estén en iguales condiciones, algo debe de generarlo pero por más que me rompa la cabeza para solucionarles los problemas a todos ellos, no guardo ninguna medida bajo la manga. Solo preguntas. Como siempre.
Lo único que realmente sé es que así es imposible vivir y no diré la pavada:
“por eso estoy sola” ya que sabemos demasiado bien que SOLA no quiero estar en lo absoluto. Me toca, eso es todo.
Cuestión que, como siempre, dedico mis días de café a escuchar conflictos de pareja, si ya hasta podría poner consultorio!!! Pero de soluciones nada... Perdón!

viernes, marzo 24, 2006

CHICAS MALAS

Una noche caminando junto a la Gor y “hablando de la vida” deja bastante que pensar, más aún cuando te hace acompañarla casi hasta la casa y una se vuelve “reflexionando” durante varias cuadras, en soledad.

Cuestión que la Gor últimamente se ha convertido en la típica amiga a la que una llama cuando le pasa algo. La pobre solo sale corriendo a tu encuentro, sin preguntas, sin cuestionamientos...aunque para que venga debes decirle la palabra clave: “estoy mal”, sino no te sale de casa ni loca!.

Me terminó contando todo su itinerario: lunes, llamó Ju porque creyó tener a un ladrón en la cocina, martes, llamó su cuñada creyendo que en su departamento había fantasmas, miércoles, llamé yo. La pobre Gor no gana para disgusto...”ni miro Sex and the city tranquila ya!” , me dice la desdichada...

Pero así es la vida de una soltera, a ella la podes llamar porque jamás saldrá con la excusa de estar acompañada, ocupadísima o algo así. La Gor es una mujer de esas que “hoy por hoy está bien sola”, mañana lo dudo.

P.d: Gracias!!!!!!

P.d2: Se agradecen comentarios....no vaya a ser cosa que duelan los deditos...vamos! que sé bien quienes están allí!!!

sábado, abril 16, 2005

Isla Maciel

La nota que viene a continuación fue hecha a un grupo que esta trabajando con la Asociación Miguel Bru en la Isla Maciel. (http://www.pagina12web.com.ar/suplementos/las12/vernota.php?id_nota=1767&sec=13)
En un principio dicha asociación se intereso por casos de gatillo fácil en manos policíacas en este territorio pero pronto las madres con las que se estaba trabajando propusieron la participación de los adolescentes de la isla. Así fue como se comenzó a trabajar con chicos de entre 13 y 20 años en talleres (peluquería, electricidad, computación, panadería, derechos humanos, genero, periodismo y fotografía). El trabajo se fue ampliando y hoy se trabaja con un grupo de 20 padres en el desarrollo de la creada comisión de derechos humanos de la Isla Maciel, y diferentes comisiones como la de hambre (se trabaja con la desnutrición dentro de la isla, medicamentos, salud y educación). El grupo de los 40 adolescentes que integran tanto la comisión como el trabajo diario de la asociación en la isla asiste a los talleres, han logrado un 90% de reinserción educativa y desarrollan la tarea de crear un viandero donde se les dará el alimento, durante sábados y domingos, al grupo de niños desnutridos que se certificaron por la comisión hambre.
Una psicóloga y una maestra trabajan con niños de entre 3 a 10 años cada sábado en tareas de desarrollo creativo y intelectual a través de diferentes juegos.

Una sobreviviente

La primera vez que Delia pisó Isla Maciel fue hace poco más de treinta años, cuando se enamoró del hombre que sería el padre de su primer hijo. Para esa época había concluido su búsqueda de una identidad que le diera sentido a todo lo que quedaba por vivir, pero hasta el día de hoy sigue ensayando formas de asomarse a otras almas. “Porque a mis 52 años tengo mucho para dar a los demás. Desde mi experiencia de vida, desde mi conocimiento sé que puedo ayudar a estos chicos olvidados por cada gobierno de turno, como en algún momento me sentí olvidada yo. En ellos se refleja mi infancia.” Quizá el encanto de Delia radique en la gracia de adaptarse al peor escenario posible, como si sus horas transcurrieran en un salón de fiestas. Durante la charla, que ocurrió en el escalón de un patio por todo asiento, permaneció sentada con sus manos cruzadas sobre el regazo y la espalda erguida, con el aire por todo respaldo. Una reina inconmovible frente al calor, ante los reclamos de “¿doña, tiene una seca?” o ante cualquier manifestación de una realidad imposible de esquivar. “Tal vez sea así por todo lo que hice para crecer. Era una chica muy carenciada, hija de padres analfabetos. Nací en Formosa pero fui criada en Paraguay por otras personas. Vine a Buenos Aires sin saber leer ni escribir, a buscar a mi madre biológica y a estudiar y trabajar, porque no quería prostituirme. Mi madre no me recibió, y ése fue un dolor muy grande, pero en el camino se cruzaron personas que me ayudaron a estudiar y pude salir adelante.”
De aquel viejo amor queda el recuerdo de una fuga de la Maciel, el intento de iniciar una nueva vida en otro lugar, el embarazo no buscado pero deseado por ella, la decisión de él de volver a la isla, solo. “Cuando me comunicó que se iba, me dijo por toda explicación: ‘tenés muchos sueños en los que yo no me incluyo’. Y así nomás se fue. Suena terrible, porque quedé sola con ese hijo que estaba por venir pero ahora, viéndolo a la distancia, no me da tristeza, porque siempre traté de hacer lo mejor que pude.” Desde noviembre de 2004, sus talleres de peluquería y sastrería reúnen a un número generoso de mujeres y, sin quererlo, se convirtieron en lazos donde reafirmar la propia historia familiar. “Los hijos de Rosa, mi hermana, vienen acá los sábados; Natalia, mi sobrina, asiste a uno de mis talleres, y Rosa empezó a estudiar. Por eso también cada vez que vengo, las horas no me alcanzan. Si hasta tengo ganas de escribirle una carta a Cristina Fernández de Kirchner para pedirle un lugar, máquinas y abrir un taller de sastrería donde se capacite a embarazadas y madres jóvenes.” El trato con esos alumnos no resultó sencillo y durante un tiempo la puso contra el recuerdo de las propias limitaciones, como cuando entró a un subte por primera vez y se partió en un solo grito en el momento en que la máquina echó a andar. “Era una salvaje, hasta que me rescató una familia de La Plata y empecé a trabajar como doméstica, pero les pedí que en vez de darme un sueldo me pagaran los estudios. Gracias a ellos crecí y por eso hoy estoy convencida que la fuerza de una capacitación va a sacar a estas chicas adelante. El primer día de clase no hablaban, ponían los pies sobre la mesa, se iban. Las fui educando de a poco, saludaba con un beso a cada una, les enseñé a sentarse, a escuchar a su compañera. Estoy segura de que voy a cosechar algo bueno: soy una mujer de campo y sé que al tigre se lo amansa con cariño.”
Delia no está sola, volvió a formar pareja, tuvo a su segundo hijo y es abuela de dos nietos que le pelean horas de cariño. Por esas sendas también hay trabajo que hacer, “porque voy a ayudar a mis hijos, que quieren terminar los estudios”, además de su otro proyecto personal, de cursar la carrera de Sociología en la Universidad de las Madres. Su boca pronuncia pausado pero con firmeza. Sostiene que la valentía de su discurso se debe a que habla de experiencia de vida desde lugaresdesusados, como la humildad y el respeto por el otro. Los adolescentes de la isla no se atreven a faltarle el respeto ni por lo bajo, posiblemente porque intuyen en Delia al sobreviviente de una especie en extinción, donde los códigos y la palabra dada se empeñan a fuerza y dolor.

El filo de las palabras

Acercarse a Yesica es como intentar repetir las piruetas de un barrilete en el viento. Ni el chancleteo de sus sandalias celestes, ni la parada de mina desafiante, ni siquiera la desmesura de su voz alcanzan para predecir las frases que lanza como cuchillos, ni la caída de sus ojos toda vez que menciona a su pequeña hija o a las marcas en sus brazos.
“Porque yo antes me lastimaba, ¿ves? Me la agarraba conmigo o con los demás; era como que necesitaba hacer daño a algo, a alguien, y ese alguien muchas veces era yo. A lo mejor me drogaba para olvidarme de todo, pero al otro día tenía los problemas de vuelta. En cambio ahora, cuando me levanto mal, en vez de cortarme me desahogo escribiendo, estoy sacando cosas de mi pasado en un libro que escribo sobre mi vida. Creo que todavía tengo inteligencia y eso de algo me va a ayudar.”
A diferencia de la mayoría de sus compañeros, “La Yesi” no es hija de la isla, aunque buena parte de su historia esté cruzada por ese pedazo de tierra. El recuerdo lineal la ubica en una casa de Sarandí, con hermanos corriéndose entre juegos, padres con la presencia del que ama a sus hijos, la escuela, el vóley, los cursos de idioma. “Hasta que murió mi papá, cuando yo tenía cuatro años.” Y el relato de mediodía, a sol rajante en el club 3 de Febrero, convierte sus 18 años en un álbum desordenado. “Me acuerdo de mi papá en el cajón y en el entierro. De mamá, que volvió a estar en pareja y yo no lo quería, porque ocupaba el lugar de mi papá. Además, él le pegaba y yo lo veía. Me acuerdo del día en que descubrí que mi mamá robaba, lo mal que me sentí, no podía creerlo. Dejé todo, me fui de Sarandí, empecé otra vida.”
Hasta que la Asociación Miguel Bru hizo pie en la isla Maciel, Yesica vivió bajo el imperio de sus impulsos, aquellos que infinitas veces la empujaron a rozarse con drogas duras en compañías impiadosas de pibes que, al tiempo de atravesarle el corazón, le cruzaban una trompada en medio de la frente. “Mis novios... Más vale que me enamoraba. El primero fue a los 13 años y estuvimos juntados hasta los 16; se llamaba Andrés y le decían El Gula. Con él perdí tres hijos; dos porque me pegaba y el tercero porque me dijeron que tenía el útero débil. Después vino el papá de mi hija, que nació de seis meses porque él me pegó mal.” Pidió auxilio a su comadre, Carmen, para que la acompañara hasta el Hospital Argerich, porque sus piernas no tenían resto para trasladarla. “Creí que me moría y ahí la tuve a Milagros, seismesina de 960 gramos.”
La nena de sus ojos, la chiquita que dos años después de aquel 30 de diciembre de infierno la mira como si quisiera beberse cada gesto de su madre, nació al cabo de una noche de contracciones que ovillaban a Yesica en posición cucharita, temblando de dolor e incertidumbre porque a esa altura ya nada estaba saliendo bien. “Tengo muy presente dos momentos de cuando me llevaron a la sala de partos y empecé a pujar: el primero, gritando de dolor; el segundo, llorando de emoción porque parí y porque las dos estábamos vivas.” La llegada de Milagros se convirtió en el indicio más claro de que no podía seguir dilatando la posibilidad de rescatarse, aun cuando se lo prometía a sí misma cada vez que lograba eludirle la encerrona a un patrullero o caminaba al filo de su propio barrio y salía indemne, por “pelaje” y por respeto ganado. Yesica Baez, ese nombre trazado en demasiadas paredes de la isla, siguió refugiándose como hizo desde siempre en su abuela (“mi mamá. La llamo así porque prácticamente me crié con ella y hasta hoy seguimos juntas”), acordó una mejor vida para Milagros (que por estos días vive con una tía), barajó y dio de nuevo. Del mazo descartó aquellas cartas que le recordaban las palizas de su ex, otro jugador a dos puntas entre ella y su hermana (“que también quedó embarazada de él”), los desmadres entre la bajada del puentey la YPF, la arenga permanente de algunos amigos “para ir a bardear” y ese aburrimiento no perecedero, que se aplasta sobre la piel.
“Estoy en pareja de nuevo y él está muy impresionado con lo que ve en mí. El otro día me dijo que ahora sí soy una verdadera mujer, porque me parece que yo antes actuaba muy marimacho. Pensar que cuando vivía en Sarandí era refifí y hasta participé en un desfile de modelos, porque decían que me daban el físico y la altura. Creo que hasta hace poco estuve clavada en mi infancia y ahora vivo mi adolescencia.” Por lo pronto, eligió reconstruirse desde las palabras y el texto, los sitios donde se encuentra mejor parada, “entonces puedo escribir las cosas que siento, los enojos o las tristezas, o poner en el papel cómo es un día en mi vida, cómo me levanto a la mañana, ayudo a limpiar la casa a mi abuela, y después me pongo a leer”. El libro de Neruda que le dio su profesora del taller de periodismo, María Eugenia Ludueña, es uno de esos puntos de fuga y encuentro. “Y empiezo a pensar, me inspiro en lo que leo y después escribo” poesías, el terreno más prolífico (“tengo cualquier cantidad, las escribía desde chiquita, me dijeron que lo hago bien”), el presente que le cuadra a cada hora y el pasado de pincelada gruesa.
“Ojalá que todo esto me sirva para algo, porque el día de mañana, cuando mi hija sea grande y lea lo que yo escribo se va a poner contenta. No quiero que me haga lo que yo le hice a mi mamá, ella me dio todo y yo hice cualquiera, y sé que eso no está bien. Ahora mi mamá está presa, pero quiero que en abril, cuando salga, vea que de algo sirvió todo lo que hizo por mí, que soy una persona en la que se puede creer, que soy capaz de ser alguien en la vida. Y ése es hoy mi orden de prioridades: primero mi hija, después mi mamá y por último yo. Pero las tres juntas, eso es lo que quiero.”

jueves, abril 14, 2005

Isla Maciel

Hijas de la isla Maciel es un barrio al que el habla cotidiana insiste en identificar como isla aunque no lo sea, quizá dibujando con las palabras una geografía lejana y abandonada que se traza en los hechos. Entre elevados índices de desocupación, recuerdos vagos de una época dorada (debida al turismo sexual) y luchas cotidianas, las mujeres del lugar están (re)descubriendo las bondades de compartir charlas y organizarse, porque, dicen, “a lo mejor seamos nosotras las que tengamos que pegar el grito para que no nos dejen morir a todos en el olvido”.


Por Roxana Sanda
Un bote de cincuenta centavos separa La Boca de la isla Maciel, ese barrio tajeado por un brazo negro del Riachuelo nunca saneado y asfixiado por la propia historia, entre robos, muertos, prostitutas y hambre. Porque aunque allí hay tres comedores, uno que funciona en la escuela Nº 6 y otros dos en manos de punteros justicialistas, a las madres no les alcanza para darles de comer a sus hijos. En la mal llamada isla (hasta una guía Lumi da cuenta de eso), las mujeres apuran el paso ahí donde haya algún alimento porque, dicen, los planes que reciben del municipio de Avellaneda son escasos en recursos y dinero. De poco les sirve un bolsón semanal de comida cuando –hay que aclararlo– en esa entrega va un litro de leche que estirar durante por lo menos cinco días. “Hay madres con bebés, con tres, cuatro, seis hijos, que no tienen ni para arrancar, y ahí empiezan los problemas, los chicos andan desnutridos, no hay plata, la comida no está” enumera Andrea Romero, que vive con un Plan Trabajar, su marido y tres hijos: Fernanda, de 10 años, Belén, de 8, y Kevin, de 7.
Desde hace tiempo, Andrea observa con desdicha los cimbronazos que sacuden cortinas adentro esas casas ásperas de material y chapa, donde los hombres comulgan con la desocupación, los hijos se desbandan sin opciones y las mujeres desafían la mala estrella con algún plan bonaerense de 120 pesos que lograron arañar, porque ni ésos ni los puestos de manzaneras conforman. “Me amarga ver cómo los pibes se drogan, salen a robar o se lastiman entre ellos; me da miedo porque yo no quiero eso para mis hijos ni para mí.” Tanto motivo junto la decidió, junto con otras madres, a acompañar el anclaje de la Asociación Miguel Bru, que desde 2004 propone para cada sábado reuniones sin chicanas, talleres y debates en el club Tres de Febrero, una antigua caja de cemento de los años cincuenta que reivindicó su olvidada función social en esa rueda de mujeres, chicas y varones adolescentes descubriendo en el cruce de sus voces la posibilidad de construir sin tanto dolor. “Doña, ¿usted cree que puede salir algo de todo esto?” “¿Y? ¿Vio que acá no somos todos chorros, que también podemos hacer cosas buenas?” preguntan el Santa, que está por ser padre, y José, tragándose el mundo con esos ojos color agua.
El instante fundacional del barrio Maciel se sitúa en 1887, dos años después de fundado el partido al que pertenece, Avellaneda, y muchos antes que los que cuenta el distrito que la absorbió, Dock Sud. Para las estadísticas, sin el “docke” Maciel no existe, tanto que desde hace décadas las cifras poblacionales del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos y de la Dirección Provincial de Estadísticas globalizan en el polo petroquímico toda información que provenga de ese otro lado del charco, pajonal a fines del siglo XIX, geografía de explotados en astilleros y frigoríficos como La Blanca, el Wilson o el Anglo, a principios del XX. Las crónicas obreras de la época relatan que el Anglo tenía apuntadores junto a las letrinas, que anotaban el número de chapa de los obreros y descontaban media hora del jornal a los que tardaban más de cinco minutos.En 1917 habilitó un galpón como albergue de desocupados, entre los que había esclavos negros traídos del Africa y que la empresa ocupaba como rompehuelgas. Los que trabajaban en la “cámara fría” caían como moscas por la tuberculosis. Los que lograban sobrevivir a esta vida se volcaban a las fondas, las casas de juego o a alguno de los 40 prostíbulos que ofrecían la compañía de mujeres a satisfacción y administraban un flujo constante de dinero por distribuir entre políticos de turno, cafishos y policías. Uno de los más célebres era El Farol Colorado, que albergaba a pupilas francesas y polacas secuestradas por la organización de trata y tráfico de mujeres Zwi Migdal. “Pero en esa época la prostitución era el centro económico de la isla. Todos los comercios vivían de las prostitutas: ellas compraban en el almacén, en la farmacia, en la tienda de ropa”, aclara María Echeverría, una militante de los derechos humanos con asiento en Dock Sud y los zapatos gastados de caminar las veredas del centro de la isla, los pasillos de la villa del fondo y las orillas del barrio San Martín, donde los perros se secan desde las tripas antes que meter la lengua en ese amasijo de riacho, brea y basura en el que cada día se arrojan 368.000 metros cúbicos de aguas servidas y las industrias escupen otros 88.500 metros cúbicos de un cóctel de metales pesados.
“¿Qué pasó en todo este tiempo? Que con Menem no quedaron ni las putas. Por allá atrás –María agita el brazo sobre su cabeza y ríe– habrá tres putas melancólicas, pero de aquéllo no quedó nada.” Y mucho menos, por cierto, los “oficios” anexados al trabajo sexual, como el de las palanganeras encargadas de cambiar el agua de esos recipientes enlozados con los que se higienizaban clientes y prostitutas. En la actualidad, las palanganas cotizan alto en anticuarios de San Telmo y el resabio de las mujeres que se advertían en los pasillos de las casitas sobrevive en ofertas callejeras y a la intemperie con “las chicas de la esquina”, como bautizó el barrio a un grupo de veinteañeras en situación de prostitución.
“Yo no tengo nombre”, habla una de ellas sonriente pero apurada. No hay nota, no hay tiempo. “Las esquinas no se dicen; total, las conocen todos”, concluye sin más.
–¿Y la policía?
–Y... ya se sabe cómo es esto. Con ellos arreglás o te corren.
La policía está ahí, siempre. Los vecinos explican que se ve de todo: patrulleros de las comisarías tercera, primera, pero lo que más se ve brillar son “las cacerolas” del Comando de Patrullas de Avellaneda, porque Isla Maciel es territorio considerado “de riesgo”. “En una de las oficinas de la tercera hay un mapa del partido con puntos rojos y azules. Habíamos ido a pedir por un chico que se llevaron y el comisario me dijo ‘¿ve ahí, donde está lleno de puntos rojos? Bueno, ésa es la Isla Maciel’. Entonces supe que las áreas que ellos definen como más peligrosas las recorre el Comando de Patrullas, pero también confirmé mis sospechas de un plan sistemático de exterminio sobre estos jóvenes”, desliza María. En la isla, son pocas las mujeres que no tengan hijo, marido o hermano complicado de alguna manera por la ley y son muchas las que rezan por algún hombre muerto en la familia. Nombres fusilados por otros nombres de policías; víctimas de gatillo fácil como Omar Lencinas, de 24 años, que en 1992 cayó con un balazo en la nuca. O Diego Pavón, fusilado por policías en 1995 y a los 13. O Luis Alberto del Puerto y Oscar Alberto Maidana, muertos en 2001 en un cerco policial. Las encerronas continuaron sobre las familias de esos finados, sobre sus amigos y sus madres. Algunas, como Juana del Puerto, Lucía Maidana y Victoria Cardozo, decidieron crear una Comisión de Derechos Humanos que fracture la muerte sistemática, los abusos y las torturas policiales.
“El año pasado le presentamos a (el ministro de Seguridad León) Arslanian un informe en el que denunciamos 16 casos documentados de abuso en lacomisaría tercera de Avellaneda”, dicen las madres, que a partir de la comisión y del apoyo del taller de derecho popular que dan abogadas del Centro de Política Criminal (Cepoc) intentan unirse para sacar a sus hijos de la comisaría, reclamar en juzgados o rescatarlos de los institutos de menores.
–Y nos sostenemos entre todas –asegura Andrea–, porque es difícil estar peleando sola a las tres de la mañana, sabiendo que a tu hijo lo tienen preso y te lo niegan.
–¿No lo quieren largar?
–No, te niegan que tu hijo esté detenido ahí. El no está, ¿entendés? No existe.
Rocío es linda, linda. Lo que las abuelas dirían “toda una señorita”. Rocío tiene 15 años, el pelo tirante atado a la nuca, el porte erguido y una picardía mal disimulada que se le asoma en esa risa que tienen las personas alegres. Ella asiste a algunos talleres y a todas las reuniones de sábado con una carpeta, su compañía más valiosa desde que empezó a armar el listado de los chicos desnutridos de la isla. “Hasta ahora contabilizamos unos 35, con los papeles del centro de salud que certifican la desnutrición; son 19 mayores de seis años y el resto menores. Pero calculamos que en total deben ser cerca de cien chicos en esas condiciones.” Un dato ilustrativo: la doctora Olga Ramos, actual jefa del servicio de Nutrición y Diabetes del Hospital de Niños Pedro de Elizalde, relató que en 1962 se desempeñaba en el centro de salud de la isla, y ya en esa época había desnutrición aguda.
Por estos días las mujeres andan envalentonadas. Quieren inaugurar un comedor “que abra los fines de semana, porque de lunes a viernes la gente va a los que funcionan, pero los sábados y domingos no come nadie”. Entienden que sería un sitio donde las madres con hijos pequeños y las embarazadas obtengan su vianda. Sólo resta hallarle techo al proyecto.
Rocío ofrece espacio en la junta vecinal a la que asiste su papá. La mamá de Rocío –el mismo cabello tirante sobre la nuca, figura encarnada en madraza– advierte sobre lugares difíciles o alianzas no recomendables. Guadalupe avisa que en el fondo de su casa hay una construcción que sólo ruega por techo de chapas, “pero tengo un freezer y la cocina se la compramos a los botelleros”. Los chicos quieren alquilar, cocinarían a leña si fuera preciso. El asunto es remontar la urgencia. A propósito, en Sin Censura: la famosa Isla Maciel, el periódico surgido del taller de periodismo –que dicta María Eugenia Ludueña– una de las mujeres participantes, Miriam Monzón, traza un plano exacto del hambre, la desidia y la vida. “En estas cuadras todo es más barato: las salchichas, el café y la ropa. Pero en el fondo de la isla, donde viví hasta hace un año, la vida para los jóvenes carece de sentido: de lunes a lunes, siempre es lo mismo. Se levantan a las 11, desayunan pan con mate, se sientan adelante hasta que les agarra hambre, almuerzan un guiso, duermen, vuelven a comer y salen durante toda la noche. No hay trabajo acá adentro, más que en las remiserías. Casi todos tienen planes sociales: limpian la plaza o barren las calles. Mi marido trabaja afuera de la isla. El creció acá y ni loco se va. Los pibes lo respetan. Pero es muy difícil conseguir un trabajo... cuando se enteran de que vivís acá. A pesar de todo esto yo tengo un sueño: que la isla vuelva a ser como antes, cuando nuestros familiares y amigos podían entrar y salir sin que tengamos que hacerles una custodia personal.”
A Antonia Portaneri sus compañeros de la Asociación no le ofrecieron resistencia a la propuesta de iniciar un taller de género en la isla, aunque sí debió explicarlo “un rato” a algunos y discutirlo con fervor ante otros que intentaban retrucarle con una problemática de clases antesque de género. En vano: está acostumbrada a replicar hasta el hartazgo que cuestiones como violencia, abuso, aborto y anticoncepción “cruzan a todas las mujeres, sin distinción de clases. En el contexto de la isla, con una participación femenina tan alta, no podía faltar este taller como espacio propio donde hablar acerca de esa violencia particular que sufren las mujeres y algo que fuera sólo para ellas les interesó muchísimo”. Sábado por medio, unas quince mujeres, adultas y adolescentes, ensayan la tarea nada sencilla de mirarse a los ojos y poner al desnudo situaciones íntimas que no desean que otros conozcan. A diferencia del resto de los talleres que brinda la Asociación, en el de género las palabras salen apretadas, a los empellones, da la impresión que cuesta tomar aire y exhalar una explicación de los conflictos privados o la violencia. “Saben que esas cosas pasan, pero no les resulta fácil pensarlo –dice Portaneri– y a la vez es muy fuerte porque empiezan a contar cosas que les parecen naturales y desde ya que no lo son.”
–¿De qué hablan?
–Nosotras hablamos de sexualidad.
–Hablamos del aborto, que acá pasa bastante.
–Hablamos del sexo. De la violación.
–¡Pero acá violación no hubo nunca! Pinta una de otro lado, de repente.
–Sí que hubo violación.
–¿A quién? (dicen un nombre).
–¡Si era la novia del pibe que se lo hizo!
–Pero la piba dijo que la violó.
–Ah, bueno, pero si era pareja no puede decir nada.
Algunas de las chicas aseguran que cuando se inició el taller empezaron a organizar el pensamiento. “Hablar de sexualidad nos ordenó un poco la cabeza, comenzamos a tener información que antes no teníamos y a entender que la violencia también puede estar dentro de casa.”
–A mí el padre de mi hija me recagaba a palos.
–Están drogados y les pegan a las mujeres...
–Este me pegaba careta. Ahora, por suerte, hablamos todo piola, terminó todo bien.
–¿Volvieron a estar juntos?
–No estamos juntos. No quiero estar más.
“Están pasando con gran esfuerzo desde un proceso social hacia otro político y comienzan a entender que son sujetos de derecho”, y a discutir la necesidad de acceder a la Justicia, a una organización popular, a la salud, a los métodos anticonceptivos, a negarse a situaciones que las ponen contra las cuerdas de su propia integridad, señala Portaneri.
–¿Cuando la mujer no tiene ganas y el hombre la agarra de prepo es violación?
–Llega la noche y las mujeres estamos cansadas por la casa, los chicos y el hombre por ahí te quiere joder y te agarra de prepo.
–De esas historias saltan los embarazos y después los abortos.
–El no se quería cuidar y no dejaba que me cuidara, pero yo me cuidaba a escondidas.
–Es que lo más coherente sería que entre la pareja decidan cómo cuidarse. Hay mujeres que se cuidan porque no quieren tener más hijos, pero al hombre le conviene que siga teniendo para atar a la mujer en la casa y que no tenga libertad.
Para ellas no existe un significado preciso de lo que supone ser mujer en la isla, ni siquiera les interesa encontrarlo. Sí las desvela, en cambio, sacudirse ese estigma de condenados que parece sobrevolar su historia y las de sus seres queridos. “¿Ves el pilote sobre el agua? Arriba le pusieron ese mantelito de puntillas que ahora está roñoso y una cabeza de muñeco”, señala una de las chicas sin nombre. “Yo creo que es un altar que hizo una piba o que se lo hicieron a ella, no estoy segura. Pero cada vezque lo miro pienso que lo pusieron ahí para avisar a los que llegan que ‘a esta isla la cuidan las mujeres’. Qué sé yo, a lo mejor es así, nomás. A lo mejor seamos nosotras las que tengamos que pegar el grito para que no nos dejen morir a todos en el olvido.”