Hubo noches en las que pegué el portazo, no quise saber nada más de la vida que llevo y llevaré, en las que lo odié y también te odié. Esas mismas noches no llamé, solo volví. Sabía y sé que lo mejor para ambos es esto. Solo el recuerdo.
Será por la misma razón de siempre, por nunca perdonarme lo que hago en ciertas ocasiones o peor aún, no pedir perdón por esas cosas. La cuestión es que a veces no dejo de pensar en vos, en lo que podríamos haber llegado a hacer, en lo bello de nuestras canciones, las caminatas hablando banalidades o las simples coca-colas que solíamos tomar en esas plazas repletas de nadies. Tampoco olvido mi vergüenza, aquellas ganas de huir todo el tiempo, la nostalgia y mi ilusión.
Lo misterioso, lo que no se comprende, es que un día, mientras no hacia más que pensar en vos, volví a él y fue realmente maravilloso. Si solo pudiera trasmitirte todo lo que entendí, lo nuevo que sentí y la reacción que generó.
Creo que en ciertas ocasiones las heridas sirven de punto de partida para abrirle la puerta a maravillosas oportunidades, para jamás volver a aquellos portazos llorosos.
